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miércoles, 26 de septiembre de 2012
domingo, 23 de septiembre de 2012
MI NOMBRE ES ALEXIA Y.., VIAJÉ A ROMA
CAPITULO 15
Jamás pensé que me emocionaría tanto estar allí. Y aunque no soy cristiana, soy católica. Católica ortodoxa y practicante. Lucas, no era muy practicante , ni creyente. Así que mientras nos dirigíamos a cenar a una pizzería, le pregunté:
- Lucas, ¿Por que..?
- ¿Por qué? ¿Que?
- ¿Porqué me has llevado allí?
- Porque sé lo que significa para ti, porque quería que recordases lo que un día dijo Juan Pablo II.
- ¿Que...?
- " Soy feliz, sedlo tambien vosotros"
- Yo soy feliz.- Contesté.
- ¿Seguro?- Preguntó el.
- Si cariño... ¿Lo dudas?
- No sé te he visto pensativa, triste, apagada en algunos momentos.
- Pero.., ¿ de donde sacas eso? Es cierto, que me paro a pensar, pero es que todo va tan deprisa entre nosotros... Tan solo hace unos días, eramos amigos y ahora somos pareja. Parece que llevemos meses y solo son días. No me arrepiento de nada y sé que te quiero. Pero.., ¿y tú?
- Te amo pequeñaja y lo sabes. Por cierto, mañana nos marchamos de Roma.
- ¿Qué? ¿Porqué?
- ¡Sorpresa! Mañana nos vamos al norte.
- Pero, ¿donde?- pregunté muy asombrada.
- No digo nada más. Es sorpresa. Cuando lleguemos al hotel, preparemos el equipaje.
- Ok._Dije resignada.
Cenamos y nos fuimos al hotel, hicimos el equipaje.
- Bueno, ¿ me puedes adelantar algo?- pregunté de nuevo.
- Solo que mañana, Domenico nos llevará en su coche a nuestro destino.
Puse cara de interrogación, pero no conseguí sacarle nada. Pero añadió:
- Cariño, te quiero muchísimo, solo quiero que seas feliz. Y eso es lo que hago, buscar tu felicidad.
- Eso suena raro, ¿me lo explicas?
- Mañana princesa.- Me beso y se acostó dándome la espalda.
Creo que era la primera vez que lo hacía, en todos estos días. Añoraba su cuerpo, así que le besé en le cuello y me abracé a él, para dormir.
Amanecía en Roma, cuando sonó el despertador. Lucas ya estaba levantado y duchado.
-¡Buenos días, dormilona! - Se acercó a mí ofreciéndome un sorbo de un dulce capuccino.
- ¡Buenos días!- añadí tras el sorbo.
Sonrió y dijo:
- Me encanta el bigotito de espuma sobre tus labios...
Pegué otro sorbo y él, beso mis labios.
Terminé mi café y me dirigí al baño.
- Cariño, ¿lo tienes todo en la maleta? Digo, para bajarlas a recepción.
- Si, un segundo.
Salí del baño, guardé mi neceser y quedé vistiéndome mientras Lucas, bajó el equipaje.
¡Todo me parecía ten extraño! Dejar aquella habitación donde Lucas me hizo tan feliz, me dolía. Pero él había pensado algo nuevo, distinto... Lo cierto, es que conocía Lucas desde hacía tiempo y sabía que era imprevisible. Siempre supo como sorprenderme o sacar una sonrisa de mi, incluso en los momentos más difíciles. No podía hacer otra cosa, más que seguirle. Y allí estaba, despidiéndome de una habitación. La del hotel que había visto nacer nuestro amor.
- ¡Nunca te olvidaré!- Dije al cerrar la puerta tras de mí, tras echar el último vistazo. Quería grabar en mi retina hasta el menor de los detalles de aquella habitación. Nuestra habitación.
Bajé al vestibulo y como en la llegada, el personal hablaba con Lucas de forma animada. Esta vez para despedirnos. Dimos las gracias por todo y me dirigí hacia Domenico.
Le saludé, Lucas quedó rezagado hablando con el director del hotel y pude ver como sacó su billetera y dejó una buena propina.
Salió y dijo:
- ¿Dispuesta a tener más aventuras?
- Si, si es contigo.
-¡Esa es mi chica!- Dijo mirando a Domenico.
Jamás pensé que me emocionaría tanto estar allí. Y aunque no soy cristiana, soy católica. Católica ortodoxa y practicante. Lucas, no era muy practicante , ni creyente. Así que mientras nos dirigíamos a cenar a una pizzería, le pregunté:
- Lucas, ¿Por que..?
- ¿Por qué? ¿Que?
- ¿Porqué me has llevado allí?
- Porque sé lo que significa para ti, porque quería que recordases lo que un día dijo Juan Pablo II.
- ¿Que...?
- " Soy feliz, sedlo tambien vosotros"
- Yo soy feliz.- Contesté.
- ¿Seguro?- Preguntó el.
- Si cariño... ¿Lo dudas?
- No sé te he visto pensativa, triste, apagada en algunos momentos.
- Pero.., ¿ de donde sacas eso? Es cierto, que me paro a pensar, pero es que todo va tan deprisa entre nosotros... Tan solo hace unos días, eramos amigos y ahora somos pareja. Parece que llevemos meses y solo son días. No me arrepiento de nada y sé que te quiero. Pero.., ¿y tú?
- Te amo pequeñaja y lo sabes. Por cierto, mañana nos marchamos de Roma.
- ¿Qué? ¿Porqué?
- ¡Sorpresa! Mañana nos vamos al norte.
- Pero, ¿donde?- pregunté muy asombrada.
- No digo nada más. Es sorpresa. Cuando lleguemos al hotel, preparemos el equipaje.
- Ok._Dije resignada.
Cenamos y nos fuimos al hotel, hicimos el equipaje.
- Bueno, ¿ me puedes adelantar algo?- pregunté de nuevo.
- Solo que mañana, Domenico nos llevará en su coche a nuestro destino.
Puse cara de interrogación, pero no conseguí sacarle nada. Pero añadió:
- Cariño, te quiero muchísimo, solo quiero que seas feliz. Y eso es lo que hago, buscar tu felicidad.
- Eso suena raro, ¿me lo explicas?
- Mañana princesa.- Me beso y se acostó dándome la espalda.
Creo que era la primera vez que lo hacía, en todos estos días. Añoraba su cuerpo, así que le besé en le cuello y me abracé a él, para dormir.
Amanecía en Roma, cuando sonó el despertador. Lucas ya estaba levantado y duchado.
-¡Buenos días, dormilona! - Se acercó a mí ofreciéndome un sorbo de un dulce capuccino.
- ¡Buenos días!- añadí tras el sorbo.
Sonrió y dijo:
- Me encanta el bigotito de espuma sobre tus labios...
Pegué otro sorbo y él, beso mis labios.
Terminé mi café y me dirigí al baño.
- Cariño, ¿lo tienes todo en la maleta? Digo, para bajarlas a recepción.
- Si, un segundo.
Salí del baño, guardé mi neceser y quedé vistiéndome mientras Lucas, bajó el equipaje.
¡Todo me parecía ten extraño! Dejar aquella habitación donde Lucas me hizo tan feliz, me dolía. Pero él había pensado algo nuevo, distinto... Lo cierto, es que conocía Lucas desde hacía tiempo y sabía que era imprevisible. Siempre supo como sorprenderme o sacar una sonrisa de mi, incluso en los momentos más difíciles. No podía hacer otra cosa, más que seguirle. Y allí estaba, despidiéndome de una habitación. La del hotel que había visto nacer nuestro amor.
- ¡Nunca te olvidaré!- Dije al cerrar la puerta tras de mí, tras echar el último vistazo. Quería grabar en mi retina hasta el menor de los detalles de aquella habitación. Nuestra habitación.
Bajé al vestibulo y como en la llegada, el personal hablaba con Lucas de forma animada. Esta vez para despedirnos. Dimos las gracias por todo y me dirigí hacia Domenico.
Le saludé, Lucas quedó rezagado hablando con el director del hotel y pude ver como sacó su billetera y dejó una buena propina.
Salió y dijo:
- ¿Dispuesta a tener más aventuras?
- Si, si es contigo.
-¡Esa es mi chica!- Dijo mirando a Domenico.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
MI NOMBRE ES ALEXIA Y.., VIAJÉ A ROMA
Capitulo 14
Cuando nos acostamos, pensé en lo sucedido y en mi príncipe azul. En ese instante era Lucas, pero también era cierto lo que le dije a mi pareja. Un día fue Víctor, ese amor, esa persona con la que soñé en un pasado, un futuro. No sabía que pasaría, aunque sabía que las circunstancias eran muy diferentes.
Adoraba a Lucas, le quería lo suficiente para saber que aquella relación duraría muchísimo, pero cuando dejé a Víctor, le amaba como nunca amé a nadie,le recordaba con todo el cariño del mundo, pero no podía dejar de pensar en él.
Fue mi primer amor y continuaría siéndolo el resto de mi vida. Pero era mi pasado y Lucas mi presente. Y quien sabe si mi futuro. Lo que si tenía claro, es que Víctor no volvería, yo lo expulsé de mi vida, me alejé lentamente de él, haciendo que llegara a odiarme, a pensar que tenía ante él a una extraña. No la persona que él conoció. Ahora sé que es feliz y yo, también. A mi manera...
Desvié mi mirada, a mi lado, dormido, Lucas. Sentí tranquilidad, bienestar y una sensación de felicidad relajada. Sentí la necesidad de besarle y abrazarle y lo hice. Me acurruqué en sus brazos y dormí plácidamente, no sin antes decir bajito:
-Te amo, Lucas, mi Doc, mi presente y futuro. Te quiero.
Dormimos cómodamente hasta que nos despertaron para nuestra visita a Ciudad de Vaticano.
- ¡Buenos días, princesa! ¿Dispuesta a salir?
- Naturalmente, dispuesta a todo.
Nos dirigimos a Ciudad de Vaticano, por el camino recogimos a Domenico y Rosseta.
Jamás pensé que aquello fuese tan grande. Una ciudad dentro de otra, 440 000 m2 y es un Estado independiente desde 1929. Aunque había visto la Plaza de San Pedro millones de veces, en televisión, revistas..,en persona me parecía impresionante. De allí nos dirigimos a la Capilla Sixtina, es una de las reliquias más famosas de Europa y alberga las mayores obras de arte del mundo, Su obra más conocida, los frescos del techo, realizados por Miguel Angel.
Me sentía insignificante y absurda. Y lo peor no podía dejar mi boca cerrada. Mi expresión de sorpresa era constante. Pero la gran sorpresa, vino unas horas despues, teníamos una audiencia con el Papa Benedicto XVI. En la Basílica de San Pedro. Allí nos ofreció su bendición y bendijo el futuro matrimonio de Rosseta y Domenico. Para ella, aquello era muy importante, ya que era madre soltera y nunca pensó que lograría tanta dicha y felicidad.
De allí nos dirigimos a a la tumba de Juan Pablo II.
En las grutas vaticanas hay muchos pontífices enterrados entre ellos San Pedro. El acceso es por la Capilla de San Sebastian, que se encuentra en la Basílica de San Pedro. Nos llamó la atención, que la tumba de Juan Pablo II, tuviera custodia, mientras que otras no. El recogimiento y el silencio era sobrecogedor, solo se oye música sacra de fondo.
Fue un día muy agotador.
Cuando nos acostamos, pensé en lo sucedido y en mi príncipe azul. En ese instante era Lucas, pero también era cierto lo que le dije a mi pareja. Un día fue Víctor, ese amor, esa persona con la que soñé en un pasado, un futuro. No sabía que pasaría, aunque sabía que las circunstancias eran muy diferentes.
Adoraba a Lucas, le quería lo suficiente para saber que aquella relación duraría muchísimo, pero cuando dejé a Víctor, le amaba como nunca amé a nadie,le recordaba con todo el cariño del mundo, pero no podía dejar de pensar en él.
Fue mi primer amor y continuaría siéndolo el resto de mi vida. Pero era mi pasado y Lucas mi presente. Y quien sabe si mi futuro. Lo que si tenía claro, es que Víctor no volvería, yo lo expulsé de mi vida, me alejé lentamente de él, haciendo que llegara a odiarme, a pensar que tenía ante él a una extraña. No la persona que él conoció. Ahora sé que es feliz y yo, también. A mi manera...
Desvié mi mirada, a mi lado, dormido, Lucas. Sentí tranquilidad, bienestar y una sensación de felicidad relajada. Sentí la necesidad de besarle y abrazarle y lo hice. Me acurruqué en sus brazos y dormí plácidamente, no sin antes decir bajito:
-Te amo, Lucas, mi Doc, mi presente y futuro. Te quiero.
Dormimos cómodamente hasta que nos despertaron para nuestra visita a Ciudad de Vaticano.
- ¡Buenos días, princesa! ¿Dispuesta a salir?
- Naturalmente, dispuesta a todo.
Nos dirigimos a Ciudad de Vaticano, por el camino recogimos a Domenico y Rosseta.
Jamás pensé que aquello fuese tan grande. Una ciudad dentro de otra, 440 000 m2 y es un Estado independiente desde 1929. Aunque había visto la Plaza de San Pedro millones de veces, en televisión, revistas..,en persona me parecía impresionante. De allí nos dirigimos a la Capilla Sixtina, es una de las reliquias más famosas de Europa y alberga las mayores obras de arte del mundo, Su obra más conocida, los frescos del techo, realizados por Miguel Angel.
Me sentía insignificante y absurda. Y lo peor no podía dejar mi boca cerrada. Mi expresión de sorpresa era constante. Pero la gran sorpresa, vino unas horas despues, teníamos una audiencia con el Papa Benedicto XVI. En la Basílica de San Pedro. Allí nos ofreció su bendición y bendijo el futuro matrimonio de Rosseta y Domenico. Para ella, aquello era muy importante, ya que era madre soltera y nunca pensó que lograría tanta dicha y felicidad.
De allí nos dirigimos a a la tumba de Juan Pablo II.
En las grutas vaticanas hay muchos pontífices enterrados entre ellos San Pedro. El acceso es por la Capilla de San Sebastian, que se encuentra en la Basílica de San Pedro. Nos llamó la atención, que la tumba de Juan Pablo II, tuviera custodia, mientras que otras no. El recogimiento y el silencio era sobrecogedor, solo se oye música sacra de fondo.
Fue un día muy agotador.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
MI NOMBRE ES ALEXIA Y.., VIAJÉ A ROMA
CAPITULO 13
Life, se encuentra en el centro histórico de Roma, cerca de la Plaza de España. El restaurante era muy refinado y elegante. Tenía distintas salas para sentarse a comer. La terraza, decorada con sillas de forja y manteles sobre sus mesas a juego con todo el entorno. La sala principal, con coloridos cuadros y botellas de cristal sobre estanterías. Colores cálidos. La silla de madera color crema y un toque de serenidad Fen Sui. Y la sala privada, de la cual, pudimos disfrutar. Coordinando tonos sobrios, como el negro y el gris , con tonos cálidos como blanco y marfil.
Pudimos probar una degustación de 3 antipasti.
. Salmone affumicato con robiola, pistachi e crostini.
. Carpaccio di spigola marinato al lime con tartufo nero di Norcia.
. Pesce spada affumicato con agrumi siciliani, ruchetta e pepe rosa.
Que traducido es:
. Salmón ahumado con queso fresco tostado y pistacho.
. Carpaccio de lubina marinada en limón con trufa negra.
. Ahumado de pez espada con cítricos de Sicília, rúcula y pimiento rojo.
Todo esto servido con un vino griego.
Pero de primer plato tomamos: Fideos con bogavante fresco. Servido con otro vino ( Veneto).
Lo mejor era que la mesa tenia pétalos de rosa sobre ella y cuando llegó el momento del postre, entendí ese detalle romántico. Domenico entregó un anillo a Rosseta y declaró su amor, delante de nosotros. Rosseta no pudo evitar emocionarse y yo hice lo mismo, así que la acompañé al baño, para que se rimel continuara en su sitio. Aun no se lo creía cuando fuimos al baño y no dejaba de admirar su mano y el anillo que había en su dedo.
Al salir del baño, la cuenta había sido abonada y un par de rosas rojas nos esperaban a Rosseta y a mi.
Salimos del restaurante Life. Contentos, felices. Y nos dirigimos a la Fontana de Trevi, siguiendo la tradición Lucas y yo, tiramos ambos monedas para regresar a Roma. Tras ello nos besamos.
-¿Sabes cual es mi deseo?
-No me lo digas.-contesté. Romperás la magia
-Yo, siempre regresaré a Roma y quizás a comprometerme contigo.
Fruncí el ceño.
-Compromiso que mal suena-dije agitando la cabeza.
Todos reímos incluidos Rosseta y Domenico era evidente que me entendieron.
-Bueno mañana nos vemos en Vaticano, -dijo Domenico antes de despedirse.
-Si, claro. A la hora acordada.
Nos fuímos al hotel y por el camino no paramos de hablar de la emoción de Rosseta.
-¿Te emocionarás tu igual?- preguntó Lucas.
-Soy de lágrima fácil, así que espero que no sea en un lugar público.
-¿Y te imaginas a tu príncipe azul ?
-No soy una pitufina, así que no puede ser azul.
- Ja, ja. Muy graciosa - rió irónicamente.- Me refería a si...
-Lo sé, no soy tonta. - Le interrumpí- supongo que ahora mi príncipe eres tú, pero hubo un tiempo que fue Víctor... Desde entonces, decidí no imaginar el futuro, simplemente vivir el presente.
-Ya. Entiendo.
-Lo siento. Siento si no era la respuesta que esperabas.
-No puedo esperar otra cosa de una mujer tan inteligente como tú. Pero si estoy de acuerdo en algo.
-¿En.. ?
-En que debemos vivir el presente. Y mi presente eres tú, pitufina...
-Pero... ¿como te atreves? - Y le golpeé suavemente en su hombro.
Me agarro fuertemente entre sus brazos y susurró a mi oído.
-Bueno, si eres grande y fuerte intenta soltarte.
Negué con mi cabeza.
-No pienso luchar, contra algo que me agrada tanto. Tus abrazos. - Añadí.
-¿Entonces eres mi pitufina?
-Bueno, de edad no soy muy mayor pero de altura...
-¿Ya empezamos...?
Ambos reímos, seguimos abrazados y besándonos durante unos minutos, y seguimos avanzando hacía nuestro destino, el hotel.
Life, se encuentra en el centro histórico de Roma, cerca de la Plaza de España. El restaurante era muy refinado y elegante. Tenía distintas salas para sentarse a comer. La terraza, decorada con sillas de forja y manteles sobre sus mesas a juego con todo el entorno. La sala principal, con coloridos cuadros y botellas de cristal sobre estanterías. Colores cálidos. La silla de madera color crema y un toque de serenidad Fen Sui. Y la sala privada, de la cual, pudimos disfrutar. Coordinando tonos sobrios, como el negro y el gris , con tonos cálidos como blanco y marfil.
Pudimos probar una degustación de 3 antipasti.
. Salmone affumicato con robiola, pistachi e crostini.
. Carpaccio di spigola marinato al lime con tartufo nero di Norcia.
. Pesce spada affumicato con agrumi siciliani, ruchetta e pepe rosa.
Que traducido es:
. Salmón ahumado con queso fresco tostado y pistacho.
. Carpaccio de lubina marinada en limón con trufa negra.
. Ahumado de pez espada con cítricos de Sicília, rúcula y pimiento rojo.
Todo esto servido con un vino griego.
Pero de primer plato tomamos: Fideos con bogavante fresco. Servido con otro vino ( Veneto).
Lo mejor era que la mesa tenia pétalos de rosa sobre ella y cuando llegó el momento del postre, entendí ese detalle romántico. Domenico entregó un anillo a Rosseta y declaró su amor, delante de nosotros. Rosseta no pudo evitar emocionarse y yo hice lo mismo, así que la acompañé al baño, para que se rimel continuara en su sitio. Aun no se lo creía cuando fuimos al baño y no dejaba de admirar su mano y el anillo que había en su dedo.
Al salir del baño, la cuenta había sido abonada y un par de rosas rojas nos esperaban a Rosseta y a mi.
Salimos del restaurante Life. Contentos, felices. Y nos dirigimos a la Fontana de Trevi, siguiendo la tradición Lucas y yo, tiramos ambos monedas para regresar a Roma. Tras ello nos besamos.
-¿Sabes cual es mi deseo?
-No me lo digas.-contesté. Romperás la magia
-Yo, siempre regresaré a Roma y quizás a comprometerme contigo.
Fruncí el ceño.
-Compromiso que mal suena-dije agitando la cabeza.
Todos reímos incluidos Rosseta y Domenico era evidente que me entendieron.
-Bueno mañana nos vemos en Vaticano, -dijo Domenico antes de despedirse.
-Si, claro. A la hora acordada.
Nos fuímos al hotel y por el camino no paramos de hablar de la emoción de Rosseta.
-¿Te emocionarás tu igual?- preguntó Lucas.
-Soy de lágrima fácil, así que espero que no sea en un lugar público.
-¿Y te imaginas a tu príncipe azul ?
-No soy una pitufina, así que no puede ser azul.
- Ja, ja. Muy graciosa - rió irónicamente.- Me refería a si...
-Lo sé, no soy tonta. - Le interrumpí- supongo que ahora mi príncipe eres tú, pero hubo un tiempo que fue Víctor... Desde entonces, decidí no imaginar el futuro, simplemente vivir el presente.
-Ya. Entiendo.
-Lo siento. Siento si no era la respuesta que esperabas.
-No puedo esperar otra cosa de una mujer tan inteligente como tú. Pero si estoy de acuerdo en algo.
-¿En.. ?
-En que debemos vivir el presente. Y mi presente eres tú, pitufina...
-Pero... ¿como te atreves? - Y le golpeé suavemente en su hombro.
Me agarro fuertemente entre sus brazos y susurró a mi oído.
-Bueno, si eres grande y fuerte intenta soltarte.
Negué con mi cabeza.
-No pienso luchar, contra algo que me agrada tanto. Tus abrazos. - Añadí.
-¿Entonces eres mi pitufina?
-Bueno, de edad no soy muy mayor pero de altura...
-¿Ya empezamos...?
Ambos reímos, seguimos abrazados y besándonos durante unos minutos, y seguimos avanzando hacía nuestro destino, el hotel.
viernes, 31 de agosto de 2012
MI NOMBRE ES ALEXIA.., Y VIAJÉ A ROMA
Capitulo 12
Continuamos todo el día, bromeando, entrando en todas las habitaciones, abriendo todas las puertas posibles. En la nevera, teníamos para abastecernos durante días, pero no sería posible, a la mañana siguiente había que entregar las llaves. Al atardecer nos arreglamos y salimos de allí. Nos dirigimos a casa de Rosseta, residía cerca de allí. Preguntamos por el niño, al parecer solo tenía un poco de fiebre por la garganta. Pero los abuelos se asustaron y llamaron a Rosseta de inmediato. Domenico seguía allí acompañándolos a los dos. Parece que aquella relación iba muy en serio. Le entregamos la llave a Domenico y nos fuimos al hotel.
- ¿Cena tranquila o salimos a un sitio perfecto que me recomendado Domenico?
- Salimos. - Contesté rapidamente.
Nos dirigimos a la Via di San Giovanni in Laterano, cerca del Coliseo. Era un restaurante llamado Hostaría Isidoro al Coliseo, era un antiguo convento del año 1600. Totalmente reformado y actualizado. Y comimos una carne a la brasa riquísima. Sus paredes estaban al natural, se veían los antiguos ladrillos romanos en muchos de sus arcos y paredes, sus salones eran enormes y aunque la decoración era muy básica, su comida, era digan de reyes, genial. Lo cierto, es que se me apetecía un buen chuletón ala brasa, y Lucas, no parecía disgustarle en absoluto.
Tras la cena, salimos a pasear por la zona. El Coliseo estaba impresionante, parecía ser dorado gracias a su iluminación. ¡Era increíble!¿Como podía dejar de ver algo tan espectacular? ¿Una joya de la arquitectura?
- ¿Venimos mañana a visitarlo?- preguntó Lucas.
Me quedé pensativa, no sabía que contestar, de momento recordé a Víctor. "¿Que hacer?" pensé. Pero miré a Lucas, él era mi presente, mi futuro, mi chico. Me debía a él.
- Acepto. Mañana estaremos aquí bien temprano.
- ¿Esa es mi chica! Energía al máximo. Te amo.
Aunque el paseo era largo, decidimos volver paseando y admirando la belleza de Roma de noche.
- ¿Nos perderemos? pregunté.
- ¿En Roma? Seguro. ¿ No te gustaría?
- ¿Estás loco..? Quiero mi hotelito...
- Conozco Roma, como Sevilla. No te preocupes princesa.
- Ya me siento más segura.
Reímos y seguimos paseando. Supongo que con Roma me pasaba como con Sevilla, me gustaba más de noche.
Paseamos hasta llegar al hotel, a nuestra habitación.
Nos dimos una ducha rápida y a descansar. Lucas había pedido en recepción que nos despertaran a las 09:00 a.m. Así que tras la ducha nos metimos en la cama a dormir. Cogimos el sueño al instante. A la mañana siguiente, soñó el teléfono a la hora acordada, unos vaqueros y al Coliseo.
Llegamos temprano, tanto que pude sentir el frío de las piedras del monumento arquitectónico. Una azafata nos guió por todo el espacio contándonos historias y leyendas de dicho lugar. De repente, sonó el teléfono de Lucas, miró su pantalla y se alejó de mí para hablar.
Me quedé sola durante unos minutos y toqué aquellas paredes que habían vivido tanto. Pude sentir durante unos segundos el dolor de los cristianos y la euforia de Roma. Mientras estaba absorta en mis pensamientos, Lucas se acercó y preguntó:
- ¿Estas bien? Te veo pálida.
- La historia de este lugar.., no sé.
- ¿Salimos?
- Te lo agradecería.
Paseamos toda la mañana por Roma y a la hora del almuerzo, regresamos al hotel para comer y descansar... Hicimos el amor a la hora de la siesta.
Había olvidado aquella llamada y ni siquiera pregunté. Pero cuando estuvimos sobre la cama. Lucas añadió:
-Tenemos planes, cena en un lugar muy especial. Nos invita Domenico, es una sorpresa.
- ¡Ah, bien!
- Tendremos que ir arreglados, el lugar dicen que es exquisito, de lujo y bastante caro.
- Me asustas, ¿seguro que es cosa de Domenico?
- Si, creo que tiene que ver con Rosseta, pero no sé de que se trata.
- Bueno, y.., ¿ a que hora debemos estar listos?
- A las 21:00 p.m en un restaurante llamado Life.
- Vale.
- Por cierto, mañana toca Ciudad de Vaticano. ¿ Que dices?
- Pues que tu mandas.
- ¿Estas segura de ello?- preguntó de forma pícara.
- Bueno, depende de que desees.
- A ti, ¿pido mucho?
- Eso ya lo tienes y lo sabes. Esta pequeñaja te pertenece. Bueno.., y a mis padres... - Y reí.
- Eso no lo dudaba.- Y me besó.
Llegada la hora nos duchamos, arreglamos y salimos en dirección al restaurante.
Continuamos todo el día, bromeando, entrando en todas las habitaciones, abriendo todas las puertas posibles. En la nevera, teníamos para abastecernos durante días, pero no sería posible, a la mañana siguiente había que entregar las llaves. Al atardecer nos arreglamos y salimos de allí. Nos dirigimos a casa de Rosseta, residía cerca de allí. Preguntamos por el niño, al parecer solo tenía un poco de fiebre por la garganta. Pero los abuelos se asustaron y llamaron a Rosseta de inmediato. Domenico seguía allí acompañándolos a los dos. Parece que aquella relación iba muy en serio. Le entregamos la llave a Domenico y nos fuimos al hotel.
- ¿Cena tranquila o salimos a un sitio perfecto que me recomendado Domenico?
- Salimos. - Contesté rapidamente.
Nos dirigimos a la Via di San Giovanni in Laterano, cerca del Coliseo. Era un restaurante llamado Hostaría Isidoro al Coliseo, era un antiguo convento del año 1600. Totalmente reformado y actualizado. Y comimos una carne a la brasa riquísima. Sus paredes estaban al natural, se veían los antiguos ladrillos romanos en muchos de sus arcos y paredes, sus salones eran enormes y aunque la decoración era muy básica, su comida, era digan de reyes, genial. Lo cierto, es que se me apetecía un buen chuletón ala brasa, y Lucas, no parecía disgustarle en absoluto.
Tras la cena, salimos a pasear por la zona. El Coliseo estaba impresionante, parecía ser dorado gracias a su iluminación. ¡Era increíble!¿Como podía dejar de ver algo tan espectacular? ¿Una joya de la arquitectura?
- ¿Venimos mañana a visitarlo?- preguntó Lucas.
Me quedé pensativa, no sabía que contestar, de momento recordé a Víctor. "¿Que hacer?" pensé. Pero miré a Lucas, él era mi presente, mi futuro, mi chico. Me debía a él.
- Acepto. Mañana estaremos aquí bien temprano.
- ¿Esa es mi chica! Energía al máximo. Te amo.
Aunque el paseo era largo, decidimos volver paseando y admirando la belleza de Roma de noche.
- ¿Nos perderemos? pregunté.
- ¿En Roma? Seguro. ¿ No te gustaría?
- ¿Estás loco..? Quiero mi hotelito...
- Conozco Roma, como Sevilla. No te preocupes princesa.
- Ya me siento más segura.
Reímos y seguimos paseando. Supongo que con Roma me pasaba como con Sevilla, me gustaba más de noche.
Paseamos hasta llegar al hotel, a nuestra habitación.
Nos dimos una ducha rápida y a descansar. Lucas había pedido en recepción que nos despertaran a las 09:00 a.m. Así que tras la ducha nos metimos en la cama a dormir. Cogimos el sueño al instante. A la mañana siguiente, soñó el teléfono a la hora acordada, unos vaqueros y al Coliseo.
Llegamos temprano, tanto que pude sentir el frío de las piedras del monumento arquitectónico. Una azafata nos guió por todo el espacio contándonos historias y leyendas de dicho lugar. De repente, sonó el teléfono de Lucas, miró su pantalla y se alejó de mí para hablar.
Me quedé sola durante unos minutos y toqué aquellas paredes que habían vivido tanto. Pude sentir durante unos segundos el dolor de los cristianos y la euforia de Roma. Mientras estaba absorta en mis pensamientos, Lucas se acercó y preguntó:
- ¿Estas bien? Te veo pálida.
- La historia de este lugar.., no sé.
- ¿Salimos?
- Te lo agradecería.
Paseamos toda la mañana por Roma y a la hora del almuerzo, regresamos al hotel para comer y descansar... Hicimos el amor a la hora de la siesta.
Había olvidado aquella llamada y ni siquiera pregunté. Pero cuando estuvimos sobre la cama. Lucas añadió:
-Tenemos planes, cena en un lugar muy especial. Nos invita Domenico, es una sorpresa.
- ¡Ah, bien!
- Tendremos que ir arreglados, el lugar dicen que es exquisito, de lujo y bastante caro.
- Me asustas, ¿seguro que es cosa de Domenico?
- Si, creo que tiene que ver con Rosseta, pero no sé de que se trata.
- Bueno, y.., ¿ a que hora debemos estar listos?
- A las 21:00 p.m en un restaurante llamado Life.
- Vale.
- Por cierto, mañana toca Ciudad de Vaticano. ¿ Que dices?
- Pues que tu mandas.
- ¿Estas segura de ello?- preguntó de forma pícara.
- Bueno, depende de que desees.
- A ti, ¿pido mucho?
- Eso ya lo tienes y lo sabes. Esta pequeñaja te pertenece. Bueno.., y a mis padres... - Y reí.
- Eso no lo dudaba.- Y me besó.
Llegada la hora nos duchamos, arreglamos y salimos en dirección al restaurante.
domingo, 26 de agosto de 2012
MI NOMBRE ES ALEXIA Y.., VIAJÉ A ROMA
Capitulo 11
Acababa de poner un pie en el suelo, cuando apareció de nuevo Lucas.
- ¡Eh, te dije que no te movieras..!
- Lo siento, pero comencé a sentirme como una legumbre en remojo.
- Mmm, así tendría opción de calentarte y comerte!
- Muy gracioso tu...-Y le besé.
- ¿Vuelves al baño acompañada de este ser humano?
- No sé si este ser humano, será capaz de convencerme de ello.
- Probaremos...
Comenzó a besarme y tiró mi toalla al suelo.
- ¿Vamos pequeña?
- El agua está más bien fresca...
- Mejor, así te acercarás a mí.
Sonreí y me metí de nuevo en la bañera. El, tras de mí. Cogió la esponja, le añadió gel y comenzó a frotarme suavemente la espalda.
- ¿Has encontrado a Domenico?
- Ni rastro, ni de él, ni de Rosseta. Así que le llamé al móvil. Al parecer Rosseta ha tenido que irse de urgencia, tiene un hijo y se puso con fiebre. Domenico le acompañó. Así que según él, disponemos del
Palazzo para nosotros solos.
Se calló durante unos segundos, mientras me besaba en el cuello y añadió:
- ¿Te apetece hacer una locura?
- A ver.., miedo me das.
- Correr desnudos por el Palazzo.
- ¿Estas loco? Si el lugar estuviera más limpio...
- ¿Miedo al polvo?
- ¿A qué polvo?
- Pícara...
Reímos y nos besamos.
- Oye, ahora en serio, demasiada agua para mí,- añadí- no soy un pez.
- No, solo una preciosa sirena, de la que estoy enamorado.
Salí del baño, me puse mi ropa interior y su camisa.
- Ahora, sí. Corramos por el palacio.
- Me encanta tu locura sana. Eso me enamoró de ti.
- ¿Solo eso?- le pregunté mientras salía del baño.
- ¿Abajo o arriba?
- Abajo, suele haber cocina.
- ¿Tienes hambre?
- Un poco.
Bajamos descalzos pues todo el suelo de la escalera y planta superior, estaba cubierto por alfombras, pero no pensamos en la zona de servicio. Todo el suelo era de mármol. Muy frío. Pero llegamos hasta la nevera. Curiosamente la cocina estaba toda limpia, se podía comer cobre el suelo blanco. Pero no lo hicimos, una gran mesa con sillas se hallaba en el centro del habitáculo. Y la nevera, estaba repleta de dulces. Supuse que la repostera era la madre de Domenico, así que asalté dicha bandeja de dulces y una jarra de té frío.
- ¡Golosa! -añadió Lucas.
Torcí el hociquito en señal de disgusto. Pero de mi boca salieron otras palabras:
- Bueno, luego perderemos calorías...
- ¿Me propones algo?
- Ya veremos. Y mordisqueé un pastelito rosa.
Mientras, Lucas buscó platos, vasos y cubiertos.
- Mile grazie.
- Prego.
Se acercó a mí y me dio un besuqui. Nos sentamos y desayunamos.
Al termino del desayuno, recogimos la mesa, fregamos y decidimos ver el Palazzo al completo. Comenzamos por la parte baja y descubrimos un pequeño jardín, descuidado como el resto, pero que por su distribución y su ornamentación, se ve que fué impresionante en sus tiempos...Pude imaginar escenas de otra época.
Lucas añadió:
-¡Impresionante! ¿De verdad que no quieres este Palazzo de vivienda de vacaciones?
- ¡Estás loco..! lo sabías ¿no?
- Por tí.., y siempre. ¿Continuamos la aventura?
Asentí con la cabeza y seguimos sala, tras sala, abriendo puertas, descubriendo muebles y descorriendo cortinas... La tenue luz, que entraba por las ventanas, hacía que ese lugar fuese enigmático, fantástico, romántico y nos dejamos llevar por el momento.
Lucas, sabía como hacer que me sintiera única y de nuevo lo estaba consiguiendo. Ni una reina, podía sentir lo que yo sentía en ese instante.
miércoles, 22 de agosto de 2012
MI NOMBRE ES ALEXIA Y..,VIAJÉ A ROMA
Capitulo 10
Amanecía cuando abrí mis ojos. Hacía fresco y Lucas estaba aferrado a mí como si mi cuerpo, le diera el calor que el suyo necesitaba.
Yo, en cambio, necesitaba ir al baño, pero ni siquiera sabía donde se encontraba y menos aún si estaba visitable. Me moví lentamente para no despertar a Lucas y me dirigí a la gran ventana. El amanecer en Roma, tenía magia en sus colores, en su luz.., encajé un poco la ventana y me dirigí a una pequeña puerta que había en un lateral. Daba a una pequeña sala donde todo estaba cubierto por sábanas, en una pared había una puerta blanca con frisos dorados, la abrí y allí estaba, el baño.
Era blanco y dorado, como el palacio en sí, grifería moderna dorada, sanitarios de porcelana.., y todo en perfecto estado. La bañera se situaba en el centro de la estancia era con "piececitos", de esas que vemos en muchas películas o revistas, y que pocos nos podemos permitir. En un lateral y sin desentonar, una mesita, sales de baño, esponjas, pétalos de rosas. Lo ideal para disfrutar de un baño relajante. "¿ Pero como estarían las tuberías?" pensé.
Utilicé el aseo, pues era lo que necesitaba y tras ello, decidí abrir el grifo. En un principio, comenzó a hacer ruidos extraños, supongo que por el aire que contienen las tuberías,pero poco después comenzó a fluir el agua. En un principio, un poco turbia, pero después, tan cristalina como pura, al menos en Roma. Decidí no pensarlo y comencé a llenar la bañera.
Añadí sales de baño y algunos pétalos rojos. Y me introduje en ella, dejando la camisa de Lucas a un lado.
Me tumbé y cerré los ojos.
Tras unos minutos, un recuerdo lejano, vino a mí, una antigua promesa. "Prometo que no pisaré el Coliseo por dentro, si no es contigo..." Aquella promesa no tenía sentido a esas alturas. Mi vida estaba comenzando, pero lo cierto es que lo prometí. ¿Como eximirme de una promesa que ya no se cumpliría? Se lo prometí a Víctor y aunque el había desaparecido de mi vida y distaba mucho de mi corazón.., algo en mí me impedía pisar aquel lugar. ¿Añoranza? ¿Un recuerdo? ¿Una pequeña esperanza perdida? Como fuere o por lo que fuere no podía ir al Coliseo. Ese precioso monumento arquitectónico, que representaba mi nuevo amor y que a la vez, llevaba al cuello en plata.
Sumida en mis pensamientos, ni siquiera me percaté de la presencia de Lucas.
- ¿Estas bien, cariño?
- Genial, no lo ves... -Dije con una gran sonrisa.
- ¿Has oído a Domenico o a Rosseta?
- No.
- ¡Que extraño! Domenico jamás dejaría pasar una ocasión así. Le iré a buscar,- continuó- pero no te muevas de ahí.
- No cabemos los cuatro...-bromeé.
Giró su cabeza al salir y sonrió.
Continué en el baño un rato más y ante la ausencia de Lucas decidí salir del agua.
Amanecía cuando abrí mis ojos. Hacía fresco y Lucas estaba aferrado a mí como si mi cuerpo, le diera el calor que el suyo necesitaba.
Yo, en cambio, necesitaba ir al baño, pero ni siquiera sabía donde se encontraba y menos aún si estaba visitable. Me moví lentamente para no despertar a Lucas y me dirigí a la gran ventana. El amanecer en Roma, tenía magia en sus colores, en su luz.., encajé un poco la ventana y me dirigí a una pequeña puerta que había en un lateral. Daba a una pequeña sala donde todo estaba cubierto por sábanas, en una pared había una puerta blanca con frisos dorados, la abrí y allí estaba, el baño.
Era blanco y dorado, como el palacio en sí, grifería moderna dorada, sanitarios de porcelana.., y todo en perfecto estado. La bañera se situaba en el centro de la estancia era con "piececitos", de esas que vemos en muchas películas o revistas, y que pocos nos podemos permitir. En un lateral y sin desentonar, una mesita, sales de baño, esponjas, pétalos de rosas. Lo ideal para disfrutar de un baño relajante. "¿ Pero como estarían las tuberías?" pensé.
Utilicé el aseo, pues era lo que necesitaba y tras ello, decidí abrir el grifo. En un principio, comenzó a hacer ruidos extraños, supongo que por el aire que contienen las tuberías,pero poco después comenzó a fluir el agua. En un principio, un poco turbia, pero después, tan cristalina como pura, al menos en Roma. Decidí no pensarlo y comencé a llenar la bañera.
Añadí sales de baño y algunos pétalos rojos. Y me introduje en ella, dejando la camisa de Lucas a un lado.
Me tumbé y cerré los ojos.
Tras unos minutos, un recuerdo lejano, vino a mí, una antigua promesa. "Prometo que no pisaré el Coliseo por dentro, si no es contigo..." Aquella promesa no tenía sentido a esas alturas. Mi vida estaba comenzando, pero lo cierto es que lo prometí. ¿Como eximirme de una promesa que ya no se cumpliría? Se lo prometí a Víctor y aunque el había desaparecido de mi vida y distaba mucho de mi corazón.., algo en mí me impedía pisar aquel lugar. ¿Añoranza? ¿Un recuerdo? ¿Una pequeña esperanza perdida? Como fuere o por lo que fuere no podía ir al Coliseo. Ese precioso monumento arquitectónico, que representaba mi nuevo amor y que a la vez, llevaba al cuello en plata.
Sumida en mis pensamientos, ni siquiera me percaté de la presencia de Lucas.
- ¿Estas bien, cariño?
- Genial, no lo ves... -Dije con una gran sonrisa.
- ¿Has oído a Domenico o a Rosseta?
- No.
- ¡Que extraño! Domenico jamás dejaría pasar una ocasión así. Le iré a buscar,- continuó- pero no te muevas de ahí.
- No cabemos los cuatro...-bromeé.
Giró su cabeza al salir y sonrió.
Continué en el baño un rato más y ante la ausencia de Lucas decidí salir del agua.
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