Tras descolgar y gritar sin asegurarme antes de que fuese ella, solo pude soltar una carcajada. La oí reír al otro lado del teléfono móvil.
- Ya lo sabes amiga... ¡Marco es divino! Y Milán.., ¡¡mamma mia!! Como se dice por aquí. Y tu, ¿ que tal?
No quise interrumpir su dicha.
- Genial, estoy con Robert, es un sol.
-¡ Uuuuhhhh! Yo diría que algo mas que un sol...(Rió nuevamente).
- No me hagas hablar, que está delante.- Dije ruborizándome y mirándole.
- Marta, ¡recuerdos a Marco, dile que le extraño, sobre todo su genio!- Gritó Robert para que Marta lo oyese.
- ¿Le has oído?- pregunté.
- Si, luego le llamará Marco. Bueno amiga volveré en unos días. ¡ Suerte con tu chico! Y diviértete tanto como yo... Besitos a ambos.
- Adiós, hasta pronto, besos.
Marta te envía besos.
- De verdad, no sé quien es mas loco, si Marco el impulsivo o tu amiga Marta, lo que esta claro es que disfrutan de la vida... Y hablando de eso... ¿Tu no tenías el fin de semana libre? Hoy no has disfrutado de tu sábado. Que te parece si mañana hacemos algo.
- Pues.., no sé.(¿Qué estaba diciendo? ¿Me había vuelto loca? ¿Porqué no dije que si?)- pensé, ya que un hombre genial se fijaba en mi.
- Mira, ese será tu pago por mis servicios de hoy. Un día de relax juntos. Además a mi tampoco me vendrá mal desconectar un poco. Trabajé esta mañana y últimamente trabajo muchos fines de semana.
- Poca vida social, supongo.(¿Qué estupidez acababa de decir?)
- Sinceramente, desde que me enamoré de una preciosa chica en una fiesta hace un año, no paro de trabajar para no pensar en ella. ¡Me estaba volviendo loco!
- ¡Pobre chica! - añadí sonriendo.
-¿Por qué? Si ella no era consciente de ello.
- Pues porque lo hermoso sería un amor correspondido y si tú no le dices nada, lo mismo...
- Ella estaba casada, pero es cierto que debía de haber preguntado mas por ella de lo que lo hice. Aunque ya pareciera obsesión y su amigo abogado me hubiese demandado.
-¿Preguntabas por mí?- dije boquiabierta.
-¿ Quién ha dicho que seas tu? ¡ Serás presuntuosa!- bromeó.
Puse los ojos en blanco. Ahora sí que preguntaría a Jhon.
Llegamos a mi apartamento. Decorado en tonos cálidos y con la luz de la luna, me parecía hermoso, relajante. Pero quizás ese cambio se debía a la deidad que había en mi salón.
- Siéntate o sírvete algo. Estás en tu casa. Voy a ponerme cómoda.
Tras ponerme unos shorts de punto y camiseta a juego, salí descalza. Me encantaba andar sobre el parquet. Robert se había quitado la corbata y su chaqueta, colocándolas sobre la silla donde reposaba su maletín, y había abierto unos botones de su camisa. Sirvió dos copas y me esperaba con ellas en las manos.
-¡Estás radiante! - dijo al verme aparecer y ofreciéndome la copa dijo- La última con alcohol durante algún tiempo.
Le miré de soslayo con una media sonrisa.
- Así que... " por algún tiempo"... ¿Cómo piensas controlarlo?- preguntaba mientras cogía la copa y me dirigía a la cocina.- ¿Ensalada? ¿Te gusta el queso?
- Si a todo, tu mandas. Y respecto a como controlarte, pues no dejándote. O pensabas que te dejaría meterte en mas líos. ¿?
Le sonreí abiertamente.
- Mmm... Me preocupa esa obsesión. Habrá que mirarla. ¿Puedo ser tu doctora?- Añadí mientras sacaba un arsenal de la nevera.
-¿Está usted capacitada para analizarme psicológicamente?
- Pues.., podría sorprenderte. - Sonreí de nuevo.- Bueno, ¿me ayudas y te voy contando?
- ¡Si señora!- dijo dispuesto y remangando sus mangas de camisa.
Le conté lo poco que podía uniéndolo a los datos ya obtenidos, analizando uno a uno. Estaba claro que el crimen no tenía mucho que ver conmigo excepto por dos motivos. 1.Estaba en mi habitación. 2. Estaba desnudo, como yo lo estaba al despertar.
Robert aclaró:
- Puede que lo colocaran desnudo, aprovechando tu inconsciencia para que pareciera que era tu amante de esa noche. Pero fue un fallo no dejar su ropa.
- Si, pero ¿Cómo sabían de mi vulnerabilidad?
- Fácil, entraron por error. Tu estabas allí. Y no sé... al ver que no despertabas... Piensa que la habitación es la misma pero en una planta inferior.
- Son conjeturas, esto hay que demostrarlo todo. Aún así no me rendiré.
- No lo dudaba, sé que eres concienzuda.
Reí y añadí:
- Soy mas cabezota de lo que todos piensan. Pero ¿ y su ropa?
- Podría estar llena de sangre y haber restos de ADN, por eso la eliminaron.
- Lógico.
Continuamos hablando de todo un poco. Bromeábamos constantemente y al cabo de unas horas Robert añadió:
- Preciosa, es hora de descansar. Mañana te recogeré sobre las 10:00 am. ¿Te parece bien?
Asentí, nos despedimos con unos besos en la mejilla, con alta tensión sexual, que tras una mirada cálida y fija en nuestros ojos, se convirtió en un dulce beso en los labios.
- ¡Buenas noches! - sonrió y salió.
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